Obsolescencia bombillas

 La obsolescencia programada en las bombillas

Ya en 1928 la revista Printer’s Ink recogía que un artículo que no se desgasta, que no acaba por romperse, que, en definitiva, dure infinitamente, sería una tragedia para los negocios. Esto tiene su lógica: si tengo un producto que no se rompe y que cumple su función sin que necesariamente haya otro superior, ¿para qué voy a gastar dinero en comprar otro? Es ahí por lo que en muchas industrias se deciden por la obsolescencia programada. Ocurre en muchos electrodomésticos, especialmente. En nuestro caso, queremos comentar el de las bombillas, que es lo que nos interesa para nuestra temática.

Las bombillas acaban por fundirse

Seguro que a todos se nos ha fundido una bombilla alguna vez. Es más, si nos ponemos a pensar, ¿tenemos alguna bombilla en nuestra casa que lleve funcionando varios años? Seguramente la respuesta sea que sí, que se nos ha fundido alguna vez una bombilla, algo muy común, y no, no tenemos una bombilla que lleve funcionando muchos años. Y si la tenemos estará al borde de dejar de iluminar.

Esto es así por la obsolescencia programada. Lo que hemos hablado, el hecho de ser normal el cambiar una bombilla fundida, choca enormemente con la bombilla que hay encendida en el cuartel de bomberos de Livermore, en California. Esta bombilla fue fabricada en 1895 y empezó a utilizarse en 1901… Hasta nuestros días.

Podríamos pensar que, si una bombilla de finales del siglo XIX todavía funciona, no tendría sentido que ahora, en pleno siglo XX, compremos una y nos dure unos pocos años. Pues ese es precisamente el negocio de la obsolescencia programada. Una bombilla no es algo con mejoras realmente tangibles. Vale que hayan aparecido nuevos modelos como hemos visto en ocasiones respecto a las bombillas LED, por ejemplo. Pero, realmente, una bombilla cambia poco en un usuario, por lo que mientras funcione no compra una nueva.

Si compráramos bombillas para iluminar una habitación y nos aguantase 70 años sin fundirse, seguramente y mientras sigamos viviendo en la misma casa, no compraremos ninguna nueva, para desgracia de las empresas que fabrican bombillas.

El "comité de las 1000 horas"

La obsolescencia de las bombillas viene de 1924, en Ginebra, cuando se creó en secreto un cártel mundial donde entraron los más importantes fabricantes de bombillas de Estados Unidos y Europa. El objetivo era aumentar las ventas y que fueran constantes. Evidentemente algo tenían que hacer, ya que la gente tarde o temprano dejarían de comprar.

Ahí fue donde surgió el instaurar la obsolescencia programada en las bombillas. El “comité de las 1000 horas” le llamaron. La idea era que durara precisamente ese tiempo las bombillas. Esto provocaba que la gente acabara por comprar unas nuevas, tarde o temprano, sin frenar las ventas del sector.

Este hecho, en realidad, no ha estado nunca realmente documentado y aceptado oficialmente. Pero es algo que está perfectamente extendido y que se puede comprobar. No podremos saber a ciencia cierta si realmente programan las bombillas para que duren ciertas horas, o si se estropean aleatoriamente a cada cierto tiempo, etc.

De momento, una buena solución para ahorrar dinero al consumidor puede estar en hacer uso de bombillas LED de nueva generación que, al menos sobre el papel, nos prometen una mayor durabilidad además de reducir notablemente el consumo (y esto sí está demostrado). 



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