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¿Qué es la obsolescencia programada?

La obsolescencia programada se origina en los años 1920 cuando los principales fabricantes de bombillas (Osram, Philips y General Electric entre otros) crean el cártel Phoebus, que se encargó de la fabricación y venta de bombillas (que debían tener una duración de 1000 horas de media), reduciendo la competencia en la industria (e incluso penalizándoles si incumplían la premisa de la duración) y evitando avances tecnológicos que podían haber hecho evolucionar la producción de bombillas hacia una mejor eficiencia y duración de las mismas.

El concepto de obsolescencia programada determina la programación del fin de la vida útil de un producto y su único fin es el lucro económico.

Hoy en día esta práctica está extendida a prácticamente todas las compras, de hecho existen diferentes tipos de obsolescencia, que según Wikipedia, son las siguientes:

  • La obsolescencia programada propiamente dicha

prever una duración de vida reducida del producto, si fuera necesario mediante la inclusión de un dispositivo interno para que el aparato llegue al final de su vida útil después de un cierto número de utilizaciones.

  • La obsolescencia indirecta:

deriva de la imposibilidad de reparar un producto por falta de repuestos o piezas de recambio adecuadas o por resultar imposible la reparación (por ejemplo, el caso de las baterías soldadas al aparato electrónico).

  • La obsolescencia funcional por defecto

un componente falla y todo el dispositivo deja de funcionar.

  • La obsolescencia por incompatibilidad

por ejemplo, cuando un programa informático deja de funcionar al actualizarse el sistema operativo. Guarda relación con la del servicio posventa, en el sentido de que el consumidor será más proclive a comprar otro producto que a repararlo, en parte debido a los plazos y precios de las reparaciones.

  • La obsolescencia psicológica

derivada de las campañas de mercadotecnia de las empresas encaminadas a hacer que los consumidores perciban como obsoletos los productos existentes.

  • La obsolescencia estética

Cuando un producto es reemplazado por cuestiones de moda o diseño. Es bastante frecuente en la ropa, debido a las modas que cambian con rapidez, aunque también puede extenderse a los electrónicos, como los smartphones.

  • La obsolescencia por notificación

típica de las impresoras que convierten en obsoletos los cartuchos de tinta, previo aviso.

  • La obsolescencia por caducidad 

reduce artificialmente la vida de un producto, por ejemplo en la industria alimentaria, acortando las fechas de caducidad o de consumo preferente aunque todavía sea perfectamente consumible sin riesgo alguno para la salud.

  • La obsolescencia ecológica

Bajo el argumento «verde» se justifica el abandono de los dispositivos antiguos aún en perfecto estado, para promover la compra de nuevos productos bajo el argumento de que son menos agresivos al medio ambiente., aunque también promueven un aumento significativo de residuos que no pueden ser siempre adecuadamente eliminados. Esta última categoría está altamente relacionada con el greenwashing o lavado de cara «verde» empresarial.

Obviamente esta práctica tiene consecuencias negativas y no solo para nuestro bolsillo, obligándonos a comprar un producto nuevo si se estropea por resultar más económico que arreglarlo o sencillamente por no poder ser arreglado, sino por supuesto, para el medioambiente, por la acumulación de residuos, la contaminación y las emisiones de la fabricación en serie.

En la actualidad existe una fundación llamada FENISS (Fundación Energía e Innovación Sostenible sin Obsolescencia Programada) que dispone de un sello llamado “Sello ISSOP” que se otorga a todas aquellas empresas y organizaciones que cumplan una serie de premisas:

  • Contribuir a la mejora energética a la disminución de emisiones, con el objeto de reducir las huellas de carbono y ecológica corporativa.

  • Realizar la correcta gestión de residuos.

  • Promover la cultura del consumo social y ambientalmente responsable.

  • Apostar por una responsabilidad ambiental la preservación del Medio Ambiente local.

  • Facilitar el acceso a la formación ambiental y de integración social.

  • Evitar hacer uso de una publicidad engañosa o ambiental y socialmente irresponsable.

  • Promover la igualdad e integración social.

  • Facilitar la conciliación laboral, familiar y personal.

Promover y difundir los compromisos adoptados hacia un modelo de gestión más sostenible y responsable. Incluir en sus contratos con terceros clausulas que impidan la corrupción.

No sabemos si en la actualidad sigue en activo, puesto que hemos intentado ponernos en contacto con ellos sin éxito y tienen las redes sociales paralizadas, pero desde luego, nos parece una gran idea para que las empresas empiecen a ponerse las pilas y los usuarios podamos elegir con criterio qué tipo de producto queremos comprar.